jueves 23 de febrero de 2012

OTRAS FORMA DE VIVIR LA CUARESMAS PODRÍA SER:



• Aceptarte a ti mismo, con tus valores y limitaciones. No es fácil.
• Aceptar al otro, con sus riquezas y sus rarezas. Y aceptarlo no solo con resignación, sino con devoción.
• Aceptar los acontecimientos de cada día, lo bonito y lo desagradable, lo fácil y lo difícil, los éxitos y los fracasos, las sonrisas y los insultos, el gusto espiritual y la sequedad.

LA CUARESMA ES:



DEFINIENDO LA CUARESMA

La Cuaresma es
mirar bien a Jesús, mirar su rostro.
aprenderse sus rasgos de memoria,
entrañarlos, te sean naturales,
que sean tuyos, parte de tu historia.

La Cuaresma es
subir hasta el Tabor, hasta el Calvario
andar desde el desierto hasta la Pascua,
sin mirar hacia atrás, y sin perderse,
superando el esfuerzo en la esperanza.

La Cuaresma es
abrir toda tu casa, sucia, oscura,
dejar pasar el viento que la limpia.
y que entre todo el sol, iluminada,
en vidriera radiante convertida.

La Cuaresma es
escuchar la palabra poderosa,
que es espada afilada y es martillo,
rasgue tu corazón y lo triture,
que lo haga nuevo el Creador Espíritu.

La Cuaresma es
un salir al encuentro del hermano
y ponerte enseguida a su servicio,
descubrir esos rasgos que conoces,
tal vez sean los rasgos de otro Cristo.

TIEMPO CUARESMAL



• Cuaresma: tiempo de conversión. Lo importante es el corazón.
• Cuaresma: Tiempo de desierto. Es austeridad, esfuerzo, crecimiento, paciencia, esperanza.
• Cuaresma: tiempo de compartir: lo que se tiene en las manos y en el corazón.
• Cuaresma: tiempo de oración: Entrar dentro de sí. El amor que se arrodilla.
• Cuaresma: entrenamiento para la muerte y para la vida. Peregrinar hacia la Pascua.

“Convertíos, porque está cerca el reino de Dios”.



¿Qué pueden decir estas palabras a un hombre o a una mujer de nuestros días?

A nadie nos atrae oír una llamada a la conversión. Pensamos enseguida en algo costoso y poco agradable: una ruptura que nos llevaría a una vida poco atractiva y deseable. ¿Es realmente así?

El verbo griego que se traduce por “convertirse” significa en realidad “ponerse a pensar”, “revisar el enfoque de nuestra vida”,“reajustar la perspectiva”.

Las palabras de Jesús se podrían escuchar así: “Mirad si no tenéis que revisar y reajustar algo en vuestra manera de pensar y de actuar para que se cumpla en vosotros el proyecto de Dios de una vida más humana”.

Convertirnos es “liberar la vida” eliminando miedos, egoísmos, tensiones y esclavitudes que nos impiden crecer de manera sana y armoniosa.

“Corvertíos y creed en la Buena Noticia”, nos invita a descubrir la conversión como paso a una vida más plena y gratificante.

José Antonio Pagola.
El camino abierto por Jesús

miércoles 22 de febrero de 2012

La Conversión Cuaresmal



Estamos iniciando el Santo Tiempo de Cuaresma, camino de preparación espiritual para la celebración de la fiesta central de todo el Año Litúrgico: la Pascua, en la cual conmemoramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo Nuestro Señor.
La Cuaresma es, antes que nada, un tiempo de conversión a Cristo para crecer en verdad y en autenticidad de fe y para fortalecer nuestra coherencia entre lo que decimos y lo que vivimos. La conversión cuaresmal no exige entrar en nuestro interior para descubrirnos frente a la mirada de Dios que nos ve desde dentro y sabe nuestras luchas, proyectos, debilidades y pecados.
La Cuaresma supone ciertamente un cambio de mentalidad, pero que no se reduce sólo a cambiar nuestros pensamientos, sino a revisar con valentía la forma de vida que llevamos y los criterios que nos mueve en nuestra decisiones; así, ayudarnos por la fuerza del Espíritu Santo, iniciamos un cambio nuevo.
El gran reto en nuestra vocación de creyente es lograr superar un estilo de vida en el que lo “cristiano” sea sólo cuestión de nombre, sin que nos comprometa a vivir una conducta en conformidad a la voluntad del Padre.
Se convierte quien llega a decisiones que se hace concretamente en las exigencias de la vida diaria, quien tiene la sabiduría y la valentía de ir a lo más importante, a lo que es como el centro del que se deriva luego las actitudes que nos definen como cristianos.
No es que sólo debamos convertirnos durante la Cuaresma; la verdad es que la conversión es el camino que debe seguir siempre el discípulo en el seguimiento de Jesús; este es un empeño que abarca toda la vida. Pero, durante la Cuaresma se intensifica los recursos que la Iglesia nos ofrece para ser fieles en el camino de la fe, camino siempre en riesgo y amenazas de las tentaciones.
Las prácticas propias de la Cuaresma, como la oración, el ayuno y la limosna, son recursos que nos ayudan a purificarnos y a hacer el silencio interior que nos permite ir al encuentro de Jesucristo vivo. En las prácticas cuaresmales, frecuentes en algunas de nuestras tradiciones, hay el riesgo de quedarnos sólo en lo exterior, e la superficie, sin calar en profundidad.
Hay quien pone todo su esfuerzo sólo en algunas privaciones llamadas “penitencias cuaresmales”, pero la mortificación cristiana no cumple su finalidad si quedara solamente en el sufrimiento por el sufrimiento, y si no nos conduce al descubrimiento del Cristo y a la práctica de la caridad fraterna. Recordemos la enseñanza paulina:
“Aunque repartieran todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha” (I Cor. 13, 3).
Tomemos conciencia de nuestra condición de hombres frágiles y necesitados siempre de conversión. Aprovechemos la oportunidad de esta Cuaresma que nos prepara a las festividades pascuales, anuncio triunfo de Cristo Resucito.

martes 21 de febrero de 2012

Carta Pastoral de Nuestro Obispo para el Tiempo de Cuaresma 2012




“Creo, Señor; aumenta mi fe"
Queridos hermanos y hermanas:
1. Al iniciarse el tiempo de Cuaresma, me dirijo a vosotros invitándoos a entrar en este tiempo de conversión con una súplica: “Creo, Señor; aumenta mi fe”. Esta breve y sentida oración la pronunció un padre que pedía la curación de su hijo. Los apóstoles habían intentado, sin éxito, liberar al muchacho de un mal espíritu. Cuando llegó Jesús, el padre, con humildad y confianza, desde su dolor, le rogó al Señor que tuviera compasión y le ayudara. Jesús le dijo: “todo es posible al que tiene fe” . Entonces el hombre gritó: “Creo, pero ayuda mi falta de fe” (Mc 9, 24).

Esta breve oración contiene dos aspectos importantes: el reconocimiento humilde de una fe débil y la confianza de que el Señor, con su ayuda, la puede aumentar y fortalecer.

2. El Papa Benedicto XVI nos ha convocado a un Año de la fe, que comenzará el próximo mes de octubre con motivo del cincuentenario del Concilio Vaticano II. Por esta razón, acogiendo la iniciativa del Papa, os propongo vivir esta Cuaresma como una etapa intensa de oración para que el Señor aumente nuestra fe y nos haga testigos de ella en medio de nuestro mundo.

La fe es el fundamento de la vida cristiana. Si la fe se debilita, todo se resiente. Podríamos decir que la falta de fe “impide” la acción de Dios en nosotros y en nuestro mundo. Siempre me ha
impresionado leer en el Evangelio que Jesús, en Nazaret, donde se había criado, no pudo hacer milagros porque no encontró fe allí (cfr. Mc 6, 56).

3. Durante este tiempo de Cuaresma debemos preguntarnos: ¿de dónde viene nuestra debilidad como cristianos? ¿de dónde la carencia de impulso evangelizador? ¿no será de la falta de
fe? Jesús reprochaba con frecuencia a los mismos apóstoles: “No seáis hombres de poca fe”.
Vivamos, pues, este tiempo de conversión, que nos prepara para celebrar la Pascua del Señor, como un itinerario que nos permita renovar la fe bautismal en la noche santa de la Resurrección.
Pidamos al Señor que nos conceda una fe auténticamente cristiana. En este momento cultural que vivimos, tenemos el peligro de pensar que la fe es algo subjetivo: “todo el mundo cree en algo”, “yo creo a mi manera”... Estas expresiones indican una gran difuminación de la fe. Es más, como dice el Papa, “es como una llama que se va apagando”.

4. La fe cristiana es creer en Alguien, en una Persona, en Jesucristo, el Hijo único de Dios que ha entrado en nuestra historia para mostrarnos el amor del Padre y para abrirnos un horizonte nuevo. Como nos recuerda el Papa Benedicto: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida...” (Deus Caritas Est nº 1) ¿Creemos o no creemos en Él? ¿Lo aceptamos o no?

La fe cristiana es respuesta amorosa y confiada a Dios, que ha venido a nuestro encuentro y se nos ha manifestado. La fe cristiana no es el resultado de nuestras investigaciones intelectuales, sino acogida del Dios que viene a nosotros. Por esta razón, cultivar la fe exige escuchar la Palabra de Dios, adherirse a Jesucristo, profesar la fe en comunión con la Iglesia, que es su depositaria, y tratar de vivirla en el servicio y amor a los hermanos, tal como nos enseñó el Señor.

5. La fe se fortalece dándola, así nos lo recordó el Beato Juan Pablo II, y el Papa Benedicto nos dice: “La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se
comunica como experiencia de gracia y de gozo”. En este momento de nueva evangelización es necesario “redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe.” (Porta Fidei nº 7).

La fe se aviva con el testimonio de la caridad. “La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente...” (Porta fidei nº 14). Durante el tiempo de Cuaresma, continuaremos estimulándonos unos a otros para hacer el bien y servir a nuestros hermanos más necesitados. El gesto de Cuaresma que venimos realizando en favor de una “casa” para los pobres, será un cauce para expresar nuestra fe, que madura en el amor y un signo de nuestra unidad diocesana. “Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras” (Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2012).
6. Con este mensaje deseo subrayar también un aspecto de nuestro Plan Diocesano de Evangelización, centrado en la renovación de nuestras parroquias. Tengamos en cuenta que una
parroquia es una “comunidad de fe”: se trata de una comunidad de fieles, esto es, una comunidad cristiana, para lo cual es indispensable la fe en Jesucristo; no hay parroquia si no hay adhesión a Jesucristo; y, además, la parroquia tiene como tarea evangelizadora el transmitir y educar la fe de sus miembros, porque ella es el “ámbito ordinario donde se nace y se crece en la fe”. (Directorio General para la Catequesis, 1997, nº 257).

Queridos hermanos y hermanas, termino este sencillo mensaje recordando la página del Evangelio con la que he comenzado. Los apóstoles preguntaron a Jesús por qué ellos no habían podido expulsar el mal espíritu de aquel muchacho. El Señor les respondió: “Esta especie sólo puede salir con oración y ayuno” (Mc 9, 29). Que estas prácticas cuaresmales nos ayuden a vencer en nosotros las fuerzas del mal y el Señor nos conceda vivir firmes en la fe.

Que Santa María, la dichosa por haber creído, interceda por nosotros.

Con mi afecto y bendición.

José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

Buscar a Dios San Agustín



Comenzamos un periodo de conversión, desde el Miércoles de Cenizas los católicos estamos invitados hacer una reflexión personal sobre nuestra vida, por tal motivo nos podemos acercar a los Santos Padres y reflexionar sobre sus comentarios.

San Agustín nos propones 10 puntos sobre los que podríamos meditar:

1. No le reces a Dios mirando al cielo, ¡ mira hacia adentro !

2. No lo busques a Dios lejos de ti, sino en ti mismo...

3. No le pidas a Dios lo que te falta: ¡búscalo tú mismo!, y Dios lo buscará contigo, porque ya te lo dio como promesa y como meta para que tu lo alcances...

4. No reproches a Dios por tu desgracia; ¡súfrela con Él! Y Él sufrirá contigo; si hay dos para un dolor, se sufre menos..

5. No le exijas a Dios que te gobierne, a golpe de milagros, desde afuera; ¡ gobiérnate tú mismo ! con responsable libertad, amando, y Dios te estará guiando ¡desde adentro y sin que sepas cómo!

6. No le pidas a Dios que te responda cuando le hablas; ¡respóndele tú!, porque El te habló primero; y si quieres seguir oyendo lo que falta escucha lo que ya te dijo.

7. No le pidas a Dios que te libere, desconociendo la libertad que ya te dio.

8. ¡Anímate a vivir tu libertad! y sabrás que sólo fue posible porque tu Dios te quiere libre.

9. No le pidas a Dios que te ame, mientras tengas miedo de amar y de saberte amado.

10. ¡Ámalo tú! y sabrás que si hay calor es porque hubo fuego y que si tú puedes amar es porque Él te amó primero.